El mejor diploma que podemos recibir debería certificar que aprendimos a ser “felices”
Por: Bonnie Medina.
Cuando alguien nos pregunta acerca de lo que queremos en la vida, es muy fácil dar una
respuesta automática de tipo: quiero realizar mis sueños, ganar la lotería o simplemente
ser feliz… pero pocas veces caemos en cuenta de que la felicidad no debería ser una
utopía o ser vista como algo subjetivo. Puede que sea un concepto difícil de definir o de
integrar a la crianza de los niños, pero es muy importante que entendamos que es posible
acercarnos a la felicidad a través de la educación.
Un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- y la
Secretaría de Educación distrital de la ciudad de Bogotá, indagó entre un número
significativo de estudiantes, maestros, padres de familia y expertos para conocer sus
percepciones en cuanto a la calidad de la educación y encontró que ninguno de los
actores educativos asoció el conocimiento o la educación con la felicidad. La reflexión que
nos queda ante ese y muchos otros aspectos de los resultados es: ¿La educación actual
está formando las competencias necesarias para que los estudiantes logren sus objetivos
y puedan ser felices?
Responsabilidad transversal
La educación actual se ha quedado rezagada de los vertiginosos avances de la ciencia y
la tecnología, pero a los estudiantes se les sigue educando para las condiciones sociales y culturales que
funcionaban hace dos siglos. Si bien es cierto que la responsabilidad es de padres de
familia, escuelas y orientadores, también los gobiernos deben asumir su parte porque
invertir en educación, ciencia y tecnología es promover una realidad distinta a la que
perpetúa el subdesarrollo.
“La educación debe servir para optimizar la inteligencia y como la ciencia, es un arma
fundamental para asegurar el avance de un país” Rodolfo Llinás
Volver a lo básico
Llenar la memoria de datos que se encuentran en Google, recitar la tabla periódica o
resolver el binomio al cuadrado perfecto no nos llevará a desarrollar resiliencia o a
resolver temas prácticos o vitales de la vida diaria.
Según está diseñado el sistema educativo actual, lo que aprendemos o más bien memorizamos caerá en el olvido una
vez se presente el examen. Por eso lo que aprendemos debería estar en sincronía con los
asuntos cotidianos de nuestras vidas, cómo desenvolvernos en sociedad, manejar los
afectos, sacar el mejor provecho de nuestros talentos, etc.
De información a conceptos
La educación nos debería dotar de la capacidad de interpretar a las personas, así como
también del suficiente nivel de inteligencia emocional para interactuar en sociedad.
Además según el gran pedagogo Julián de Zubiría, director del Instituto Merani: “La
educación debe brindar herramientas para desarrollar procesos de pensamiento”. Por
ejemplo afirma que lo importante de aprender historia, no es tener una gran cantidad de
datos y fechas aprendidas, sino el entender los conceptos básicos a través de los cuales
se han desarrollado los procesos del ser humano.
¿Herramienta para la felicidad?
Los niños vienen con la llama de la curiosidad, cuestionan todo con un poder de asombro
increíble. Los adultos, en casa o al entrar al colegio, frenan esa inquietud para
moldearle. Pero ¿que pasaría si todo lo tuviéramos resuelto? ó ¿si el nivel de complejidad
de nuestros problemas no motivara nuestra inteligencia? la vida se tornaría aburrida y sin
sentido. Preguntarse o cuestionar entonces debería llegar a una respuesta que genere una siguiente
pregunta para así mantener intacto el interés por la vida y sus misterios.
Así que, según nuestro rol, entre todos podemos contribuir a la construcción de
programas educativos modernos, acordes a la tecnología, donde no mueran las
preguntas, que tengan un enfoque hacia el logro, los valores y hacia relaciones. Que
incluyan un alto nivel de conexión emocional, pero por encima de todo, que logren que los
estudiantes aprendan a pensar y a analizar cómo es que están pensando.
Un sistema educativo encaminado hacia la felicidad dejaría de ser un sistema
“depositario” de información trivial y brindaría herramientas efectivas para enfrentar la
cotidianidad porque nuestro cerebro no es un reproductor de datos sino que fue hecho
para amar, soñar y crear una vida en Plenitud y Armonía.
“Al educar se deben desarrollar procesos de pensamiento y brindar herramientas de
comunicación y convivencia”. Julián de Zubiría


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